viernes, 4 de diciembre de 2009

II: Proceso del propósito

Uno de los principios básicos de la Aphatia es el control de uno mismo. Para ello lo fundamental es la introspección, el conocerte lo mejor posible. Identificar defectos y eliminarlos, encontrar virtudes y enaltecerlas. No puedes controlar lo que no conoces, y si crees conocer pero no, creerás manipular, pero...

No controlarse implica errar en el propósito. Personas malhabladas son un buen ejemplo de falta de control. Puede ser debido a falta de léxico o a falta de disciplina, pero en ambos casos denota carencia.

Personas irascibles tambien reflejan bastante bien este asunto. Ante cualquier perturbación, amenaza o infortunio su carácter se torna incandescente, se dejan llevar, y suelen hacer cosas de las que luego pueden arrepentirse. Si en este estado haces cosas de las que luego te arrepientes, no eres tan libre como a priori considerabas, has sido manipulado, te has dejado llevar por el enfado. Tu libertad ha sido delimitada por tu faceta mas deleznable.

Personas sin voluntad que ansían ser lideradas para orientarse, y que acatan y no hacen mas que acatar tampoco nos sirven. El aborregado jamás entenderá nuestra doctrina. No ha buscado su camino, no sabe a ciencia cierta a donde se dirige, cree que sus fines son colectivos, pero está alienado.

Hay infinitos defectos. Pero vale mas el camino que el fin, el proceso que el resultado. Vale mas la voluntad de perfeccionamiento que la perfección en si.

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